Queramos o no, todos funcionamos en base a hábitos. Sin ni siquiera pensarlo repetimos una y otra vez todo tipo de reacciones y comportamientos. No somos nosotros conscientemente quienes decidimos hacer la mayoría de las cosas que hacemos, o incluso pensar de un modo u otro. No somos nosotros habitualmente los que decidimos pensar en positivo o en negativo. No decidimos conscientemente si confiamos o no en nosotros mismos y en los demás.

La mayor parte de nuestra vida vamos en piloto automático, actuando y decidiendo sin pensar. Ese piloto automático nos lleva a responder siempre del mismo modo cuando nos encontramos delante de determinados estímulos y situaciones, nos lleva en definitiva a desarrollar unos hábitos concretos.
Resulta curioso cómo la mayoría de profesionales de la mente dicen que cambiar hábitos es muy difícil, que requiere mucho tiempo y esfuerzo. Sin duda el camino que siguen es coherente con la interpretación que hacen.

La mayoría de especialistas miran el cerebro e intentan cambiar hábitos a través de la mente consciente, del razonamiento. Pero los hábitos provienen del subconsciente. Se trata de decisiones tomadas desde nuestro ámbito instintivo. Está demostrado que es en el corazón donde se decide todo aquello en lo que no estamos pensando en ese preciso instante, y décimas de segundo después, esa decisión llega y se racionaliza en el cerebro.

Cambiar hábitos a través de nuestra mente consciente es como cambiar la dirección en la que circula un vehículo empujando desde el costado. Quizás si empujamos mucho acabemos lográndolo, pero ¿no sería mucho más fácil girar el volante sin esfuerzo?

Todos aquellos que están empujando el lateral del coche afirman que cambiar hábitos es difícil y requiere tiempo. Por el contrario, los que directamente giramos el volante, sabemos que cambiar hábitos acostumbra a ser fácil y rápido.

Ricardo Eiriz

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